Normar nuestras tradiciones

13 de Enero de 2006
* Javier G. Escalier Orihuela

Nuestras tradiciones han sido mantenidas en nuestro país, así como en todo el mundo, gracias a una formación cultural de los pueblos que ha mantenido sus costumbres y ritualidades, principalmente por medio de la transmisión de estas de padres a hijos.

De ahí que se hace difícil de entender, que existan autoridades hoy en día, que con el criterio de querer “normar” nuestras tradiciones y costumbres, pretendan mutilar y anular una parte importante de nuestra cultura.

Cuando se habla de normar nuestras tradiciones y costumbres, estamos hablando en otras palabras de reglamentar nuestra dinámica cultural y riqueza patrimonial, cuando de lo que se trata en realidad, es de buscar, antes que una normativa, más parecida a la censura o prohibición, una regulación orientada a la preservación, de nuestra tradición.

La Fiesta del Gran Poder, es un claro ejemplo de cómo se debe conducir aquella preservación, fortaleciendo la devoción al Señor Jesús del Gran Poder, permitiendo la integración de nuevas generaciones y sectores sociales, sin que ello implique cambiar su esencia.

Lo que si se debe evitar, es la intervención de agentes indirectos, como vendedores, dirigentes barriales, etc., que interfieren negativamente en el desarrollo de esta festividad, promoviendo el excesivo consumo de bebidas alcohólicas, en un caso, o pretendiendo evitar las Recepciones sociales y ensayos, proponiendo su traslado a estadios o avenidas alejadas, en otro, que no hace mas que afectar a este bien patrimonial.

El sólo hecho de haber logrado la Declaratoria de Patrimonio Cultural, a la Festividad en honor al Señor Jesús del Gran Poder, obliga automáticamente a preservarla tal como se la ha reconocido.

Este año, como ningún otro, se inicia con una “hemorragia” de normativas, como la prohibición de tocar la tradicional Diana frente al Santuario de Gran Poder, lo que ha robado la esencia misma de este acto, o el horario restringido para las Recepciones sociales, que ha convertido a estas fiestas en una suerte de fiesta de cumpleaños en Burger King, con horario de entrada y salida, despersonalizando su naturaleza, que tomaba la calle como una estrategia para poner de manifiesto el capital simbólico de cada Fraternidad y no como reemplazo del local, como se ha pretendido estigmatizar.

En adelante habrá que tomar en cuenta que quienes están llamados a ocuparse de esta regulación, luego de consensos que pasan por la organización de seminarios y simposios especializados en la preservación de las fiestas y nuestras danzas, son antropólogos, historiadores y estudiosos en patrimonio, así como quienes viven la tradición, la han estudiado y son actores de la fiesta, indicados para reproducir la memoria de sus antepasados y no así dirigentes zonales, ni autoridades circunstanciales, improvisadas por las cosas que tiene la política, que no tienen una debida formación, que poco conocen acerca de los hábitos y costumbres, propias de cada fiesta, cuando recién las estamos comenzando a conocer los propios protagonistas.

Y vienen seguramente otras “prohibiciones”, como el veto a algunos personajes de la Morenada, como el moreno antiguo y el achachi caporal, o el número de figuras y la edad límite para bailar con polleritas cortas. Y ni qué decir de las máscaras “cromadas” de los Morenos… pero a la larga, estaremos haciendo lo correcto?

* Javier Escalier Orihuela es Miembro del Consejo Ciudadano de Cultura de la ciudad de La Paz

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