“Tradiciones Paceñas – Alasita”

De visita por la Feria de Alasita

20 de Enero de 2006
* Javier G. Escalier Orihuela

El día Martes 24 de Enero, desde muy temprano, no olvide congratular a sus amigos de corta estatura, a los de su familia, de su barrio y oficina. Agáchese y abrácelos fuertemente, resalte las virtudes de un personaje de su talla y refiérase a él con mucha altura, destacando la importancia que tienen los petisos en nuestra sociedad. Y es que señores. ¡Será su día!

Dentro del calendario costumbrista que se encuentra inserto en ésta ínclita ciudad del Illimani, tan rica en costumbres y tradiciones, el 24 de Enero, fecha en que se venera a la Imagen de la Virgen del Carmen, Patrona de nuestra ciudad, es también el día del “Ekeko”, dios de la abundancia, por ello es una ocasión apropiada para festejar a todos los más chatos, hayan nacido o no en esa fecha.

El Ekeko, diocecillo aymara de talla pequeña, se ha instituido en los hogares paceños como un talismán de la buena suerte y a no dudarlo, si se lo trata con cariño y consideración, en reciprocidad, jamás hará faltar lo esencial de la canasta familiar en su hogar; si bien a cambio se lo tenga que mantener en un lugar privilegiado de la casa, se le demuestre un poco de respeto, encendiéndole sagradamente una vez al mes un cigarrito, de esos sin filtro, dentro de esa tremenda bocaza.

De la Alasita es su anfitrión y con ese ánimo recibe a sus visitantes, con los brazos extendidos con las manos bien abiertas y una sonrisa de oreja a oreja, inmensa carcajada que ocupa casi toda su bocaza. Es su fiesta una invitación al reencuentro con nuestras costumbres y tradiciones, que nos permite unirnos para el fortalecimiento de nuestra identidad.

Este diocecillo se viste para esta ocasión con su más colorida y elegante indumentaria, una chaqueta muy cortita y minúsculos pantalones, sostenidos por una ancha faja de aguayo alrededor de su gordura. Su esencia indígena la destaca llevando un “ll’uchu” multicolor, bajo un diminuto sombrero borsalino, además que calza sus inseparables “abarcas” -nunca se acostumbró a usar zapatos finos- aunque aquella vestimenta ni va a ser apreciada debido a la gran cantidad de artículos que carga consigo y que refleja su abundancia, bultitos que contienen generalmente artículos básicos de la canasta familiar y el hogar: un quintalito de arroz, otro de azúcar y uno de harina, bolsitas de fideos, avena y conservas envasadas en latitas microscópicas.; materiales de construcción para la futura casita: ladrillitos, calaminas y faneguitas de cemento, un autito o camioncito, cigarritos Derby o Astoria y los tradicionales billetitos del Banco de la Abundancia, ya sean en corte nacional o en dólares.

Gracias a su popularidad, esta fiesta es una arraigada tradición de los paceños, aunque por su fama, también se ha extendido a todo el país y el mundo, donde es comercializado como un amuleto de la buena suerte.

Aunque su figura se remonta a la cultura Tiwanacota, como “Tunupa”, Dios del rayo, la lluvia y los fenómenos geológicos, las similitudes con el “Ekeko” de hoy en día, no están muy claras.

En la actualidad, la Alasita se ha convertido en la fiesta de la solidaridad, sintetizada en el deseo de superación y prosperidad de todo un pueblo. Según la tradición, se deben adquirir millones de pesos en billetitos, una maleta de viaje con pasaporte y visa incluida y el Minibús soñado, para que esto se haga realidad, se los debe adquirir justo a las doce del medio día, ni un minuto más, ni uno menos.

Pidámosle pues, a la “Pachamama”, que todas nuestras esperanzas y deseos de bonanza y prosperidad se hagan realidad este año, haciendo una promesa de mayor esfuerzo y trabajo. Vivamos nuestra tradición.

* Javier Escalier Orihuela es Miembro del Consejo Ciudadano de Cultura de la ciudad de La Paz

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