Las Comparsas

10 de Marzo de 2006
* Javier Escalier Orihuela

Cerrando el Carnaval 2006 que nos ha traído grandes alegrías y entrando a la Corcova, no quiero dejar pasar otra tradición que mantienen los bolivianos y que no muere gracias al empuje de la ciudadanía, son las Comparsas de los Carnavales, una institución que ha permanecido viva pese al paso del tiempo y la post modernidad.

Si bien el Pepino, emblemático personaje del Carnaval paceño, es “ducho” para divertirse sólo, también estas fechas son propicias para que las agrupaciones, clubes, mercados y familias, participen en grupos vestidos de la misma manera.

Las hay en todos los departamentos de nuestro país, famosas son las Comparsas de Santa Cruz, Sucre, Oruro y Cochabamba, quien no conoce a los tauras cruceños, agrupación que sólo admite a comparseros que hayan nacido bajo ese signo zodiacal, o las Comparsas coronadoras de la Reina del Carnaval cruceño que cada año se esfuerzan por organizar un mejor Carnaval, las de mujeres, como las “Ketchup” y hasta la peligrosa “T la Clavo”.

Gracias al archivo fotográfico de la familia Cordero, así como a colecciones privadas, sabemos que las Comparsas han existido en la ciudad de La Paz desde principios del siglo XX, como Los Eléctricos en 1911, Los Durmientes de 1912, o Los Terroristas de 1913. Lo cierto es que estos grupos tenían un común denominador, aquellos nombres tan rimbombantes y llamativos que tenían como Los Milongueros, Los Suspicaces, Tripolitanos o los Kollas del Amor de 1930. En aquellos Carnavales se estilaba visitar a las Madrinas, quienes los recibían con unos traguitos “cortos” del famoso “Pisco Ormachea”, además de un entremés, que fácilmente podía convertirse en un rico Lechón. Aquellas Comparsas acostumbraban jugar con mucha harina.

Siguiendo esta línea, la década de los 60, del siglo pasado, con una fuerte influencia norteamericana, aparecieron agrupaciones juveniles con nombres en inglés, aquel entonces estaban de moda las Comparsas: Pacific, Lace Young, Splendid, Star Junior y Road River’s, también son famosos de esa época Los Tigres y Los 508, ellos también visitaban a las tradicionales Madrinas, ellas les recibían con refrescos preparados con jarabe de frutilla o frambuesa y tal vez a tono con sus calificativos un “lunch”, lo principal esa época era tener un domicilio donde llegar.

Ya en los 70’s existía otro común denominador, las Comparsas impusieron la moda de las poleras como distintivo y cerraban la Tradicional Entrada de Domingo de Carnaval en una larga fila de camiones, comparseros con banda incluida que posteriormente recorrían la ciudad hasta Calacoto, en una implacable guerra con agua. De ese tiempo las Comparsas de Los Grifos, Monfis, y muchas otras estilaban realizar cadenas de fiestas que duraban toda una semana y que terminaban con una fiesta de negro, en Tentación, acorde con el entierro del Carnaval.

En todas esas etapas el día Miércoles de Ceniza estaba dedicado a los días de campo y las parrilladas en Obrajes, donde compartían desde principios de 1900, con la música de las tradicionales estudiantinas y tarqueadas, que con el paso de los años fueron cambiando a las bandas de música.

Las Comparsas también son conocidas por comer bien y en este punto, son muchas las ricas comidas que acompañan la fiesta, desde los tradicionales “confites” blancos y rosados con que se ch’alla el Martes de Carnaval, a las calientes “humintas” elaboradas con “choclos” propios de la estación que bien se pueden acompañar con una “compota” de duraznos o “lujmas”, aunque el plato predilecto y tradicional de éstas fechas es el “puchero”, que es un preparado de varias carnes: cordero, chorizo, tocino y res, acompañados con arroz blanco, papas, chuño, tunta, racacha, yuca y garbanzo, más todas las frutas de la temporada, manzana, durazno y plátano, entre otros, todo ello inmerso en un potente caldillo; ají colorado y llajua, completan semejante festín.

Las Comparsas de ayer y hoy son el alma de la fiesta, ahora, convertidas por la moda en Ch’utas y Pepinos en su mayoría, que ya no sólo llegan al centenar de componentes, sino que alcanzan al millar, en una muestra de que las costumbres y tradiciones no mueren, sino que se las ingenian para mantenerse vivas, pese al paso del tiempo.

* Javier Escalier Orihuela es Presidente de la Asociación de Comparsas del Carnaval paceño

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