Prado dominical, encuentro o desencuentro

25 de Agosto de 2006
Por: Javier Escalier Orihuela

Respetuoso como soy de mis seres queridos que pasaron a mejor vida, el pasado Domingo salí temprano a visitarles en su última morada rumbo al Cementerio General. Sin embargo, nunca imaginé las peripecias que habría de pasar a causa de las “benditas trancaderas”, que se formaban debido a los trabajos de remodelación que ha emprendido la Alcaldía de La Paz, en una de las principales arterias de la ciudad: la Avenida Camacho.

Si bien es evidente que aquellos trabajos se los realiza para beneficio de la ciudadanía, es lamentable la ausencia de coordinación de sus distintas instancias ediles que tienen la obligación de brindarle al ciudadano, alternativas para el mejor desarrollo de sus actividades cotidianas, así como el uso adecuado de los espacios de dominio público.

Y si no vamos a quejarnos de los trabajos de pintado de “pasos de cebra” que se realizaba en la calle Bueno “ese mismo día”, o la ruidosa marcha de celebración de los 100 años de actividad misionera de La Iglesia Evangélica Metodista en Bolivia que, partiendo de la Plaza Pérez Velasco, interrumpió en su trayecto el tráfico vehicular. Sí, debemos detenernos a meditar sobre la pertinencia o no de mantener -entretanto duren los trabajos en “la Camacho”- la feria “cultural” de El Prado.

Y aquí existe un contrasentido, en la medida de que el objetivo principal para “cerrar” El Prado, era el de dar a este espacio una funcionalidad de encuentro cultural, que sirva para disfrutar y participar en familia de diversas actividades y que obviamente sea también un tiempo para liberar el estrés de la vida cotidiana. En la actualidad, esa medida se confronta con la realidad, reduciendo esta “participación familiar” a una práctica de consumo mercantil, convirtiéndola también ahora en un dolor de cabeza para miles de ciudadanos que no encuentran cómo llegar a sus destinos.

A estas alturas, seguramente algún avispado dirá: “¡Bien hecho, que éste tome de su propia medicina!”, alegando que como muchos folkloristas, promuevo que importantes Entradas folklóricas ocupen el centro paceño, en una forma de apropiación simbólica de ese espacio. Lo cierto es que la tarea de preservación y revalorización de nuestro patrimonio cultural como factor fundamental para la estructuración de una identidad colectiva multicultural, es una cosa muy distinta a la interpretación musical, teatralización de la cultura e invitación al consumo, que actualmente ocurre en nuestro añorado paseo “El Prado” semanalmente.

¿No sería interesante, aunque sea por esta temporada, descentralizar esta actividad y replicarla, a través de los Consejos Distritales de Cultura, en los diferentes Macrodistritos de esta ciudad, como una manera de descentralizar también los privilegios de los espacios de dominio público que tenemos en el centro, con el inexcusable favorecimiento para que la gente de las laderas disfrute esos iniciales y lejanos objetivos propuestos?

Y qué pasó con el empuje que se debía dar al Pasaje “cultural” Marina Núñez del Prado, convertido ahora en centro de venta gremial, ¿no era el momento de llevar la feria dominical a aquel espacio, a manera de revitalizarlo?

En fin. Pero volviendo al relato de mi travesía accidentada hacia el Cementerio General. La pericia del conductor —luego de casi dos horas de tardanza a causa del embotellamiento en cuestión— retornó, y el viaje continuó por curvilíneas y empinadas cuestas, de caminos empedrados y de tierra, hasta que aparecimos en la antigua carretera a El Alto (Avenida Naciones Unidas). Ya íbamos a llegar a destino por la parte de arriba, cuando casi a tiempo de expirar una bocanada de alivio, el “maestro” me trajo a la realidad. Resulta que nuevamente éramos presa de otra bulliciosa manifestación. Esta vez se trataba de la Morenada de los Novenantes a Colquepata, con Braulio Villalobos y Señora, como prestes de la Virgen de Copacabana, que pasaba por el lugar, rumbo al local “Don Vico”. Gajes del oficio.

* Javier Escalier Orihuela es Folklorista

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