Plaza Túpac Katari

15 de Septiembre de 2006
Por: Javier Escalier Orihuela

"… A mi me mataréis, pero mañana volveré y seré millones".

Túpac Katari protagonizó junto a Bartolina Sisa, su esposa y cerca de 40.000 hombres, el cerco a La Paz que duró más de siete meses, en una de las revoluciones indígenas más grande de la historia. La ciudad de La Paz había sido cercada en dos oportunidades.

El caudillo Julián Apaza, —como en realidad se llamaba—, sólo pudo ser capturado al sufrir la traición de su propio compañero de lucha, Tomás Inca Lupe, siendo capturado en pueblo de Peñas (Cajamarca), su último refugio, y sentenciado a morir descuartizado por cuatro caballos en la plaza del pueblo, no sin antes dejar aquella sentencia el 15 de Noviembre de 1781 a sus asesinos, advertía de su regreso, para desagraviar su nombre.

El macabro ajuste de cuentas sucedió en la plaza del pueblo, ante la mirada impotente de sus hermanos, que poco o nada pudieron hacer. Le cortaron la lengua, lo descuartizaron estirando sus extremidades con cuatro caballos hacia los cuatro puntos cardinales y, finalmente, atravesaron su cabeza con la punta de una picota. Su compañera, fue estrangulada luego de ser salvajemente torturada.

Más tarde, como una manera de amedrentar a los “indios” rebeldes, las partes de su cuerpo fueron expuestas en todo el territorio del Kollasuyo: su cabeza en el cerro de K'illi K'illi, la mano derecha en Ayo Ayo, la izquierda en Achacachi, su pierna derecha en Chulumani y la izquierda en Caquiaviri.

Aquella gesta daría paso a otras rebeliones, con héroes que inicialmente no comulgaron con las ideas del caudillo, pero que luego entendieron que era ése el único camino para librarse del yugo español, tal es el caso de Don Pedro Domingo Murillo y los protomártires de la independencia levantarían la bandera de la libertad, en aquel Primer Grito Libertario en Latinoamérica, retomando el anhelo que Túpac Katari había iniciado en el siglo XVIII —aunque esta vez sin aquella importante fuerza indígena—, que quizás hubiese marcado otra historia para nuestra ciudad y la patria.

Túpac Katari evidentemente retornaría convertido en millones a lo largo de nuestra accidentada historia. ¿O no es cierto que aquella misma rebeldía y sed de verdadera justicia ha motivado a nuestro pueblo a encarar una lucha reivindicacionista que ha derivado en los últimos acontecimientos, y cuyo desenlace ha llevado por primera vez a un indígena a la presidencia de la República de Bolivia?

En la década del 80’s, Peñas fue declarado Monumento Nacional y más tarde el Congreso de la República sancionó el proyecto de Ley 080/03-04 por el que declaran héroe y heroína nacionales a los líderes aymaras: Julián Apaza y Bartolina Sisa.

En la actualidad la población de Peñas, primer distrito de la Tercera Sección municipal de Batallas, que se encuentra a 50 kilómetros de la Sede de Gobierno, se encuentra postergada y olvidada, contrariando esa su historia de lucha indígena y resistencia al yugo español.

La mayoría de sus habitantes reside en la ciudad de La Paz, sin embargo cada 8 de Septiembre, —como la pasada semana—, retornan para rendir homenaje a la Patrona de aquella localidad, la Virgen de la Natividad en el día de su Fiesta, con gran pompa, ruidosos bailes y una Entrada folklórica en su honor.

Acaso sea éste el momento de reflexionar sobre la petición de muchas organizaciones sociales, cuyo deseo es de re-bautizar el nombre de la principal plaza de La Paz. Sin duda, el nivel crítico de nuestra historia nos sugiera no hacer juicios de valor sobre sucesos ocurridos sin tener en cuenta la realidad que se vivía en ese momento, por lo tanto, aunque la solicitud sea legítima, debiéramos focalizar el homenaje a tan insigne caudillo indígena con mayor tino, que no signifique una confrontación con el acontecimiento de la gesta libertaria de julio, tan legítimo como lo hecho por Julián Apaza.

* Javier Escalier Orihuela forma parte del Consejo Consultivo del Comité Cívico Pro Departamento de La Paz

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