“Vaquita” para la Vaca

25 de Noviembre de 2005
* Javier Escalier Orihuela

Con el cierre de la Bienal Internacional de Arte Siart 2005, luego de tres semanas de permanencia en las calles de la ciudad de La Paz, se va también la monumental Vaca del artista yungueño, Juan Bustillos, junto a otras figuras de animales y humanoides, que fueron parte de esta muestra de esculturas callejeras.

Al final la Oficialía Mayor de Cultura, a la cabeza de Don Pablo Groux, no pudo recolectar el dinero necesario para conservar la colosal vaca, luego que solicitara una “vaquita” a varias empresas privadas para poder reunir cerca de $us.20.000.- que era el precio para poder retener dicha escultura, hecha de “fierros” y chatarra, para una de las plazas de esta metrópoli.

Este hecho, aunque no es de ahora, ha puesto al descubierto la ausencia de monumentos que identifiquen a una ciudad, rica en tradiciones y costumbres, así como la falta de espacios cívicos donde se inmortalice a héroes, artistas, intelectuales y personajes de la vida cotidiana que representen nuestra tradición multi y pluricultural.

Un paseo por el corazón de esta ciudad nos revela esta verdad. Contamos al Libertador Simón Bolívar, al “descubridor” de América, Don Cristóbal Colón y al Mariscal Antonio José de Sucre; siguiendo por la “Arce” encontramos a la reina española “Isabel, la Católica” y llegando a San Jorge, la estatua de Confucio, el filósofo Chino.

La zona sur, no se salva de este recuento de “estatuas”, luego de la Gruta de la Virgen de Lourdes, nos topamos con “la loba”, que amamanta a Rómulo y Remo; cerca al puente de Calacoto está el General uruguayo José Artigas, frente al musculoso “Atlas” que sostiene el mundo, como homenaje al explorador alemán, Alexander Von Humboldt y terminamos en la calle 21, junto al prócer de la independencia del Brasil, el Dr. José Bonifacio de Andrada e Silva, resguardado por la mirada complaciente de San Miguel Arcángel.

Y si en todo ese recorrido no hemos visto a ningún personaje de origen indígena, si lo hubiera, tampoco sería bien recibido, como el “Ekeko”, dios de la abundancia, que ha tenido que vagar por varias plazas, sólo porque supersticiosos vecinos lo han alejado de sus hogares y sus vidas, por temor a que este inofensivo vendedor de ilusiones les pegue la mala suerte.

En la zona de Chijini, se encuentra “el t’aparaku”, una mala representación del Señor Jesús del Gran Poder, que espera del Municipio paceño y los vecinos que le veneran, un cambio de imagen, a través de una campaña que logre forjar una réplica en bronce del Señor de los tres rostros, que inspire en los folkloristas el mayor respeto.

Cerca de ese lugar, un pedestal vacío aguarda al desaparecido político Marcelo Quiroga, quien ya tiene su “memorial” en la Avenida del Ejército y también es recordado en una importante avenida que lleva su nombre y une a las ciudades de La Paz y El Alto, cuando bien podría descansar la figura de Don Lucio Chuquimia, un reconocido folklorista de esa zona, que ha promovido la fiesta del Gran Poder, su música y folklore a nuestro país y el mundo.

En esto cabe destacar la labor de la Alcaldía de El Alto que ha mandado a edificar, gracias a muchos artistas, la Cruz Andina en varias de sus plazas; así como la reciente inauguración de la Galería Urbana de Arte al aire libre, en la Avenida Héroes del Kilómetro 7, cerca al Aeropuerto, que reúne a 16 obras gigantes de artistas bolivianos, que a decir de su Director de Cultura, cumplen la función de sensibilizar y apegar a la ciudadanía alteña a la actividad cultural, en un ejemplo digno de ser imitado.

Ojalá que la Municipalidad pueda destinar presupuesto para poblar a nuestras plazas y parques de obras que nos identifiquen culturalmente y nos ayude a recordar nuestra historia y sus personajes, y que tampoco se olvide de la Vaca.

* Javier Escalier Orihuela es Miembro del Consejo Ciudadano de Cultura de la ciudad de La Paz

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