El Poder del folklore

29 de Diciembre de 2006
Por: Javier Escalier Orihuela

Definitivamente el 2006 que se va, ha sido para los folkloristas, el año de consolidación en el ámbito cultural. Indicadores oficiales apuntan a que este año, el flujo turístico ha tenido un incremento significativo, y ese auge económico, en materia de turismo, ha repercutido favorablemente en la "industria del bordado", la música, la artesanía, y otras áreas que comprende la cadena productiva de las fiestas folklóricas.

El folklore y sus actores principales, que en definitiva son quienes hacen la fiesta, y bailan, —ya sea por devoción o por gusto—, se han convertido en un verdadero "poder" que fácilmente podría encumbrar o hacer tambalear a cualquier autoridad.

Es innegable que este "poder" nace del reconocimiento social que tienen, quienes desarrollan, practican y promueven las miles de agrupaciones folklóricas que existen en toda Bolivia (media luna incluida). De ahí que cause extrañeza el tropezar con personas, dirigentes y autoridades que subestiman a este "poder" plena y socialmente reconocido.

La última píldora del año que nos ha tocado digerir, ha sido la fallida ordenanza 88/06 del Concejo Municipal de la ciudad de Oruro que pretendía evitar la posibilidad de que su Fastuoso Carnaval, sea patrocinado por "cualquier" empresa dedicada a la fabricación y venta de bebidas alcohólicas. En este caso: Cerveza Paceña; con el objetivo de precautelar el título que esta manifestación ostenta como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad, y de esta manera mantener su esencia religiosa.

Felizmente, dicha medida quedó "desechada" a tiempo, evitando con ello un inminente acto de desobediencia a la autoridad, protagonizado por los folkloristas de la ciudad del Pagador, que hubieran resistido dicha medida al punto de fragmentar su relación con la alcaldía orureña, incluso bajo la amenaza de "no bailar por las calles tradicionales de la Entrada". Preocupante, porque ¿qué sería del Carnaval de Oruro sin sus actores principales, sin sus Diablos y Morenos, y sin sus bandas de música, recientemente declaradas Patrimonio de Bolivia?

Gritos y acciones de extrema medida hubieran obligado a revisar aquella determinación, que amenazaba incluso con declarar "personas no gratas" a los concejales de la Alcaldía de Oruro.

Lo razonable y plausible es, —si es que el objetivo va por mejorar la presentación de aquella peregrinación hacia la Virgencita del Socavón—, que dicha instancia municipal, apruebe una ordenanza, que otorgue un importante apoyo económico, que garantice la promoción y difusión de dicha festividad, muy parecido al soporte económico, como el que entrega la empresa cervecera a las fraternidades y agrupaciones folklóricas, para sostener la erogación de gastos que su organización demanda, y que es grande. Aunque, como decía mi abuelita: "eso y la cara de Dios no vamos a ver".

Por supuesto que va a existir otra corriente conservadora, encabezada por "expertos escribidores", tratando de influir en la opinión de la ciudadanía, insistiendo en que "estos caballeritos folkloristas", debieran correr con los gastos que implica su baile, evitando estirar la mano a cuanto ‘padrino’ patrocinador se ofrezca.

Pero el Poder de los folkloristas no queda ahí. En el pasado, dio lugar al alzamiento de este "poder", cuando en 1996, cerca a la realización de la Entrada Universitaria de la UMSA, el velatorio del ex Presidente de la República de Bolivia, Hernán Siles Zuazo, forzaba a suspender su "Entrada", situación que al final no prosperó.

Cosa parecida se vivió a la muerte de otro estadista boliviano: Víctor Paz Estensoro, quien falleció la víspera a la realización de la Fastuosa Entrada en honor al Señor Jesús del Gran Poder, el año 2001. El Alcalde, muy mal asesorado, suspendió la "Entrada", declarando un Duelo Nacional, que obligaba inclusive a la Policía Nacional a no ofrecer el resguardo oficial al recorrido. Incluso su mayor auspiciador se abstuvo de participar.

El resultado de esas medidas, conocidas por todos, permitió darnos cuenta que el "poder" de los folkloristas fue mayor, y el hecho de prescindir del apoyo formal, no restó el mínimo brillo a las distintas Festividades, constatando que esta parte de la cultura puede desenvolverse tranquilamente por sí misma, sin apoyo oficial, echando por tierra vanos intentos por restringir y normar las festividades, "a la mala".

Y es que el rasgo de esta expresión, que se sustenta gracias a miles y miles de folkloristas en el país, se refiere a la Cultura Viva que se muestra siempre en constante evolución y dinámica, que para nada se compara con aquella que existe en otros lugares, donde se la preserva estática y no cambia, como es la famosa cultura de museo.

¿O lo de Oruro, habrá sido una inocentada edil?

* Javier Escalier Orihuela es un Moreno militante

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