Alasita 2007

19 de Enero de 2007
* Javier Escalier Orihuela

Cuando las manecillas del reloj marquen las 12 del medio día el Martes 24 de Enero, no olvide congratular a sus amigos de corta estatura, a los de su familia, de su barrio y oficina. Agáchese y abrácelos fuertemente, resalte las virtudes de un personaje de su talla y refiérase a él con mucha altura, destacando la importancia que tienen los petisos en nuestra sociedad. Y es que señores. El 24 es su día.

El día del Ekeko, diocecillo aymara de talla pequeña, se ha instituido en los hogares paceños como un talismán de la buena suerte y a no dudarlo, si se lo trata con cariño y consideración, en reciprocidad, jamás hará faltar en su hogar lo esencial de la canasta familiar; a cambio de mantenerle en un lugar privilegiado de la casa y demostrarle respeto, encendiéndole sagradamente una vez al mes un cigarrito, —de esos sin filtro—, dentro de esa tremenda bocaza.

De la Alasita es su anfitrión, y con ese ánimo bonachón que irradia confianza, recibe a sus visitantes con los brazos extendidos, las manos bien abiertas y una sonrisa de oreja a oreja en la que cabe esa inmensa carcajada que ocupa casi toda su boca.

Esta fiesta es una invitación al reencuentro con nuestras costumbres y tradiciones, que nos permite unirnos para el fortalecimiento de nuestra identidad nacional y una ocasión propicia para festejar a todos los más chatos, hayan nacido o no en esa fecha.

Como todo agasajado, en su día, este diocecillo esperará a sus miles de “fieles seguidores”, vestido con su más colorida y elegante indumentaria: su tradicional saco, —muy cortito— y minúsculo pantalón de “bayeta de tierra negro”, sostenido por una ancha faja de aguayo alrededor de su gordura. Su esencia indígena la destaca llevando un “lluch’u” multicolor, bajo un diminuto sombrero borsalino, calzando además sus inseparables “abarcas”, ya que nunca se acostumbró a usar zapatos.

Aunque tal vez aquella vestimenta ni sea bien apreciada, debido a la gran cantidad de artículos que carga consigo y que refleja su abundancia; bultitos que contienen generalmente artículos básicos de la canasta familiar y el hogar: un quintalito de arroz, otro de azúcar y uno de harina, bolsitas de fideos, avena y conservas envasadas en latitas microscópicas; materiales de construcción para la futura casita: ladrillitos, calaminas y faneguitas de cemento, un autito o camioncito, cigarritos Derby o Astoria y los tradicionales billetitos del Banco de la Abundancia, ya sean en corte nacional, dólares o euros.

Gracias a su popularidad, esta fiesta que es una arraigada tradición de los paceños, también se ha extendido a todo el país y el mundo, donde el Ekeko es comercializado como un amuleto de la buena suerte.

Su figura se remonta a la cultura Tiwanacota, donde fue conocido como “Tunupa”, dios del rayo, la lluvia y los fenómenos geológicos, rasgos que nada tienen que ver con las similitudes con el “Ekeko” de hoy en día, que esta tradición de los paceños y no paceños se ha convertido en la fiesta de la solidaridad, que sintetiza el deseo de superación y prosperidad de todo un pueblo.

Según la tradición, a las doce en punto se deben adquirir millones de pesos en billetitos, una maleta de viaje con pasaporte y visa incluida, además del minibús soñado. Para que esto se haga realidad, se los debe adquirir justo a las doce del medio día, ni un minuto más, ni uno menos.

Pidámosle pues, al dios de la abundancia y la “Pachamama”, que todas nuestras esperanzas y deseos de superación y prosperidad se hagan realidad este año, haciendo una promesa de mayor esfuerzo y trabajo. Vivamos nuestra tradición.

* Javier Escalier Orihuela es Miembro del Consejo Ciudadano de Cultura de la ciudad de La Paz

No hay comentarios: