El Gran Poder no es desorden, es cultura

2 de Diciembre de 2005
* Javier Escalier Orihuela

Con grandes titulares y ante gran expectativa de la ciudadanía, se llevó a cabo la primera actividad formal de la Fiesta del Gran Poder, con la Recepción Social y Posesión del Directorio 2006 de la Morenada “Señor de Mayo”, del Sindicato de Transporte Pesado.

Sin embargo la noticia que atrajo la atención de la ciudadanía fue el enfrentamiento que protagonizaron algunos dirigentes y autoridades en “contra” de los folkloristas, a quienes prohibieron con saña desarrollar su acto en una de las calles del popular barrio de Chijini, tratando de desalojar a las malas a vendedoras de cerveza que se apostaron en el sector, las mismas que recibieron la solidaridad de los dueños de casa y vecinos del lugar, que no apoyaron aquella cruzada “contra el folklore”.

“El Gran Poder debe bailar con más orden”, “Ya se pone orden en los ensayos” o “La subalcaldía del macrodistrito Max Paredes y vecinos del Gran Poder lograron que los bailarines accedan a ensayar en locales cerrados y no en las calles”. Todo ello carece de veracidad y responde a una campaña de desinformación que seguramente ha pretendido, en esta etapa electoral, promocionar la imagen de algunos dirigentes caducos o levantar el perfil de autoridades zonales que no encuentran un plan real que evite la falta de seguridad ciudadana que sufre la zona.

En ese sentido, no es coherente que se pretenda obligar al ciudadano que paga sus impuestos, dicho sea de paso, en una zona que tiene la tasa tributaria más alta, por encima de las zonas residenciales, que además pague el flete de baños públicos, aseo de vías y guardia privada, para el desarrollo de aquellos espectáculos, siendo que no es la obligación de los folkloristas evitar la delincuencia juvenil, la violencia familiar, el velar por la seguridad de la zona y por la falta de higiene; porque ya lo habíamos dicho anteriormente: esa no es su función social.

Quienes si son responsables de velar por la seguridad de todos, son la Municipalidad de La Paz y la Policía, con efectivos policiales y municipales que vigilen el sector, cuando se organizan este tipo de eventos, ofreciendo infraestructura portátil que evite el deterioro del ornato público, a través de mingitorios, basureros, entre otros servicios básicos, cumpliendo además con la obligación de fortalecer dichas manifestaciones culturales, valorándolas y difundiéndolas, en momentos en que el fomento de nuestro folklore y las actividades que genera, deben merecer un tratamiento especial.

De todas formas las recepciones sociales se realizan en una primera etapa en el Santuario de N. S. Jesús del Gran Poder; luego de la Sagrada Eucaristía, que da inicio al acto, los fraternos salen a las calles adyacentes, con el objetivo social de presentarse a la ciudadanía, en una demostración de lujo y colorido. Posterior a ese breve descanso, los “fraternos” son esperados por las orquestas y grupos folklóricos del momento, para compartir de manera privada en sus salones de fiesta, que por cierto son asegurados con un año de anticipación, y no como pretenden hacernos creer, en otra imprecisión, que “han sido las autoridades quienes han obligado a los folkloristas a improvisar el contrato del local”, nada mas falso.

Lamentablemente la liviandad y poco interés que se dedica a este sector, asesta un daño profundo a nuestra cultura; se habla con mucha ligereza de estas expresiones folklóricas, sólo como si fueran un pretexto para que impere el desorden y la borrachera.

El movimiento socio económico que promueve la Fiesta del Gran Poder y otras festividades en las zonas populares de La Paz, durante los 365 días del año, significa ingresos para cerca de 3.000 familias, entre mascareros, bordadores, zapateros y comerciantes informales y se constituye en una verdadera ventana promocional para artesanos y músicos, llegando estos últimos a contar con un número aproximado de 7.000 componentes; de esto también se beneficia el dueño de casa que alquila su baño, la vendedora de cerveza, de mixtura, de petardos y hasta el heladero.

* Javier Escalier Orihuela es Miembro del Consejo Ciudadano de Cultura de la ciudad de La Paz

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