Semana Santa a la boliviana

Hermandad "Señor de las Caídas"
Hermandad "Paso del Calvario"

13 de Abril de 2007
Por: Javier Escalier Orihuela


Luto, respeto, sincretismo y fe, han sido los rasgos que marcaron la Semana Santa en nuestro país.

Particularmente este año, emotivas fueron las jornadas que se vivieron con ocasión de la celebración de estas fechas de marcado fervor religioso entre los bolivianos, que por miles se volcaron a las calles a vivir la Pasión y posterior Resurrección del Hijo de Dios, a partir del Domingo de Ramos, que conmemora el triunfal ingreso de Jesús en Jerusalén sentado en el lomo de un burrito, y la bendición de las "palmitas" que sirven para proteger de todo mal a los fieles durante el año; pasando por el Jueves Santo, día en que se estila visitar a 7 o 14 Templos para venerar el Monumento al Santísimo, donde se encuentra el cuerpo y la sangre de Cristo, representados en el pan y el vino; y a la mañana siguiente, para acompañar la Solemne Procesión que recrea la Pasión y muerte de Jesucristo.

Pese a que los días de Semana Santa están marcados por el ayuno y la abstinencia, los paceños se han dado modos para darse un banquete de platos que no contengan carne roja —aves incluidas—, desde preparados livianos como el arroz con leche, compota de duraznos y ricas "humintas", hasta deliciosas comidas que aparecen sólo para esas fechas, como el delicioso "ají de cochayuyo" o "ají de bacalao" traído desde Noruega, acompañados de papas y thuntas "ph’alas", sopa de camarones o "carbonada", que la familia boliviana degusta junto a un diverso menú de platos a base de pescados y mariscos.

Una variedad "masitas" y "fruta seca" se saborean en Semana Santa, maicillos, roscas, bizcochos y "dulce empanadas", evocando a las que se adquirían en las ferias de los mercados Lanza y Rodríguez, donde tenían sus puestos de venta la famosa "Chock’a", Doña Antonia Vda. de Silva; la "Gumicha", Doña Gumercinda Vda. de Valenzuela y la "Llanta baja", Doña Alicia Borda, además de las "llauchas" de la "Florentina" de la calle Zoilo Flores.

Esta Semana Santa a la boliviana, se la vivió en medio de una fuerte raigambre costumbrista, de características muy propias de nuestro medio, manteniendo la congoja y respeto a través del luto riguroso del Viernes Santo, donde el silencio sólo fue roto por el sonar de las bandas de música militares que solemnizaron la Procesión del Santo Sepulcro, interpretando marchas fúnebres, así como tristes "boleros de caballería" que datan de la época de la guerra del Chaco.

La Procesión del Santo Sepulcro —que es la oficial porque otrora era acompañada por el Presidente de la República y el Alcalde de la ciudad— contó además con el fundamental apoyo de las Cofradías que llevaron en pesadas "Andas", escoltadas por los cadetes de las Fuerzas Armadas y Policía Nacional, las Imágenes del "Señor de la Sentencia", el "Paso del Calvario" y el "Señor de las Caídas", que lloró por segunda vez.

Procesión que cada año transita en medio de anécdotas, como la que le pasó al Cristo "Nazareno", que tuvo que "esperar" pacientemente a "su banda militar", que miembros del protocolo la priorizaron para que acompañe al Vicepresidente, desde Palacio de Gobierno al Templo de los Mercedarios ubicado a poco más de una cuadra de distancia.

Hoy en día, gracias a la globalización y desapego a las tradiciones en el mundo entero, la Semana Santa se ha convertido también en una excusa para huir frenéticamente por un par de días de la agitada vida citadina; será por eso que a la par, en Viernes Santo, mientras unos se apresuran a asistir a la Procesión del Santo Sepulcro, otros hagan largas filas —guitarra al hombro— para abordar el Minibús que los lleve hacia Mallasa, Coroico o Copacabana a "respirar aire puro".

Pese a todo, la Semana Santa nos ha recordado una vez más que el Hijo de Dios vino a este mundo para morir en la Cruz y resucitar, para que a través de esta prueba sean perdonados nuestros pecados y podamos alcanzar la vida eterna.

* Javier Escalier Orihuela es Presidente de la Hermandad del Señor de las Caídas

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