Modernidad con identidad

4 de Mayo de 2007
Por: Javier Escalier Orihuela

El nuevo rumbo que ha tomado nuestro país, con las acciones del gobierno del Presidente Evo Morales, motiva necesariamente un "cambio de timón" en la búsqueda de nuevas estrategias culturales que incidan en una mayor atención, defensa y puesta en valor de nuestros conocimientos tradicionales, como la artesanía, medicina tradicional y folklore, entre otros; políticas que van a tener que tomar en cuenta las autoridades locales a la hora de proponer medidas que van en sentido contrario, como es el caso del "posible" cierre definitivo de la avenida Camacho al paso de la Fastuosa Entrada en Honor al Señor Jesús del Gran Poder, Declarada Patrimonio Cultural de Bolivia y rumbo a ser nominada por la UNESCO como Patrimonio Intangible de la Humanidad.

Y es que al parecer existen dos lógicas de visión de ciudad sobre este tema totalmente opuestas; una, que propone acciones concretas cada vez que surgen noticias sobre el plagio de nuestras expresiones culturales en el exterior del país y exige tomar cartas en el asunto, a través de una campaña internacional que demuestre la riquísima variedad de folklore que tiene Bolivia, dejando en claro que son propias de este país; y otra, que se especializa cada vez más en asfixiar a sus embajadores naturales, —los folkloristas—, a través de sesudas medidas, que pretenden desalojar sus demostraciones al patio trasero de la urbe paceña, que dicho sea de paso es reconocida como la "Cuna del Folklore Boliviano".

Para muchos, lo más sensato en este tema es encontrar un equilibrio que permita la convivencia de la modernidad con nuestras tradiciones; así el "boom" de progreso que se siente en nuestra ciudad, no debería frenar el desarrollo de este tipo de expresiones culturales, y el folklore no tendría que dar "un paso al costado" para permitir con su alejamiento estos avances. De lo contrario estaríamos en "otra onda" como dicen los adolescentes, si se pretende a la larga que este tipo de muestras sólo puedan ser conocidas por las futuras generaciones a través de enciclopedias o tras los escaparates de algún museo.

Lo cierto es que la mayor y mejor vidriera para exhibir al mundo esta riqueza cultural de su constante saqueo, es justamente mostrando este folklore "vivo" danzando por sus principales calles, como ocurre hasta en Estados Unidos, en el "Desfile de la Hispanidad" que ingresa por su trascendental arteria: La Quinta Avenida, el corazón de Manhattan, New York, donde la representación boliviana es la más grande y colorida de todas.

Y no hay que tener miedo a las presentaciones callejeras, que existen en todas partes, llámense festivales, desfiles o paradas; en nuestro país incluso hay municipios, como el de la ciudad de Oruro, que invierte su presupuesto en el mejoramiento de la ruta por donde pasa la Fastuosa Entrada del Carnaval, que son sus principales arterias y plazas, por tan sólo dar un ejemplo.

Lamentablemente, pese a ser pioneros en este tipo de Entradas en espacios abiertos, las "malas copias" de los piratas de nuestro folklore, son reproducidas —de manera abusiva— al mundo, aprovechando la televisión y el Internet, y precisamente bailando por calles y avenidas.

Entonces, la ciudad de La Paz, inmersa en esta vorágine modernista que proyecta convertirla en una ciudad "fashion" —libre de vendedores ambulantes, "gremiales" y hasta de "cables"—, debe también tener espacios para las manifestaciones sociales y culturales.

Con todo La Paz, dentro de sus lógicas, tiene por qué festejar. La avenida Camacho luego que fuera cerrada en temporada de lluvias para emprender su modernización y su conclusión postergada en tres oportunidades, esta semana después de más de nueve meses se reabre a la ciudadanía, remozada, reverdecida y "descableada".

Representantes de las autoridades locales han dado también otra alegría a los folkloristas, permitiendo que la Mayor Fiesta de los Andes, ingrese nuevamente al Prado paceño después de casi una década, aunque sólo hasta la altura de la calle Bueno, para que la Entrada finalice en la avenida Camacho, en inmediaciones del ex Parque de "Los Monos", actitud que parece reflejar un atisbo de interés de las autoridades locales por tratar de entender las lógicas de su ciudad, permitiendo la convivencia de la modernidad con la tradición.

La ciudad de La Paz, remozada, debe seguir siendo un espacio de encuentro de los paceños, aunque también debe ser obligación de todos preservarla, sin embargo, no vaya a ser que por querer preservar sus flores, perdamos también parte de su identidad.

* Javier Escalier Orihuela es Miembro del Consejo Ciudadano de Cultura de la ciudad de La Paz

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