Patrimonialitis aguda

10 de Agosto de 2007
Por: Javier Escalier Orihuela

El Fastuoso Carnaval de Oruro y la Cultura Kallawaya, entre otros han sido merecedores en los últimos años de la mayor distinción en el mundo, en materia cultural, al haberse hecho acreedores del nombramiento por parte de la Unesco —Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura—, como "Obras Maestras del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad".

Indudable satisfacción nacional, que empero, es aprovechada con astucia por los famosos países que se especializan en "piratería cultural", que baten palmas y declaran a los cuatro vientos, que a partir de este hecho, estas magníficas expresiones culturales de Bolivia, "ya no son sólo de los bolivianitos, sino propiedad del mundo entero, de la humanidad".

Y para muestra un botón: una agrupación que recientemente estuvo presente en un festival en los Yungas paceños, no se abochornaron a la hora de interpretar una canción que otrora la inmortalizaran Freddy Zuazo y su grupo. "Oiga, amigo", decía el estribillo que fue cantado en nuestras narices, sin que alguien pudiera emitir reclamo alguno, y como ellos muchos, que se atreven a decir que nuestro folklore es parte del folklore andino, o de los andes.

Recientemente también una representante tarijeña a un concurso de belleza de nivel nacional contaba que en su trayectoria fue finalista en un concurso realizado en Jujuy, Argentina, que eligió a la "caporala" más linda, cuando en la realidad estas expresiones son muy propias de Bolivia.

Volviendo al tema de la fiebre de la "patrimonialitis" que lamentablemente no protege nada, en nuestro medio, este hecho —de los nombramientos al por mayor— despierta entusiasmos interesantes en las municipalidades y las Prefecturas de los nueve departamentos de Bolivia, que se esmeran en poder replicar regionalmente este tipo de designaciones, como cuando en algún momento alguien propuso homenajear a través de nombramientos la fiesta de las "ñatitas", en la ciudad de La Paz, que podría haberse extendido sin mayores problemas a la festividad de "Todos Santos".

Medidas que no dejan de ser tan sólo un acto de buena fe, con afanes de protagonismo coyuntural. Porque si se trata de que todos se pongan a declarar "patrimonio" a cuanta tradición o costumbre local nos parezca, solamente con el objetivo de llenar un cronograma de actividades anual o mensual, hay que tener en cuenta que los dichosos nombramientos no solucionan el problema de fondo que persigue a nuestras expresiones culturales, que no es otro que la indiferencia institucional que se resiste a prestar la debida atención y el resguardo que estas requieren.

Entonces, la bendita fiebre de "patrimonialitis" no debería quedarse sólo en la presentación de una simple plaqueta, sino en lo que su nominación implica, que es en primera instancia preocuparse por su registro, su investigación, involucrarse mínimamente en tareas de preservación y puesta en valor, finalizando en una promoción y difusión.

En esta misma línea, el interés regional y político de algunos legisladores les lleva a elaborar escuetos proyectos de ley para nombrar patrimonios culturales de la nación a fiestas como la del "Ají" en Chuquisaca, que revaloriza "prácticas ancestrales de cultivo de ají", o la "Fiesta de Compadres y Comadres" en Tarija; la municipalidad paceña pretendió algo similar con el "Jiska Anata", una expresión cultural de pocos años de vigencia, en desmedro de otras que se mantienen por siglos que necesitan de apoyo y fomento.

Y en lo que va del año la Tradicional Entrada Folklórica Universitaria, la mayoría de las danzas, culturas, rituales y hasta las "k’aukas", han sido declaradas patrimoniales por la Prefectura paceña, llegando a la Feria del Libro, que fue declarada anteayer, por el alcalde municipal, patrimonio de los paceños, sumándose a esta "moda de los patrimoniazgos".

A propósito de la Cultura Kallawaya, a tres años de recibir dicha nominación patrimonial, a la fecha, al parecer no cuenta con proyecto alguno, serio, que le permita acceder a importantes fondos de la UNESCO. Un funcionario decía hace un año que: "eran ellos —los Kallawayas— los encargados de crear proyectos que posibiliten el desarrollo de su cultura". Cuando entendemos que no es la función social de los Kallawayas elaborar proyectos, sino de las instancias culturales del Estado, que tienen que aprovechar dichos fondos para sistematizar sus "saberes" y difundir aquella riqueza cultural.

Alejandro Zapata decía en una de sus intervenciones, que eran a veces criticados por declarar patrimonio casi todo cuanto se mueva, —como decían sus detractores— pero justificaba que en el Departamento de La Paz y en Bolivia existe tal riqueza cultural que habría que declarar patrimonio por lo menos a alguna expresión cada día. Lo cual no está mal, si acompañada a esta nominación, existe la atención debida para su fomento, aspecto que ha tomado cuerpo en la Prefectura paceña, que analiza un proyecto de soporte que permita un desarrollo regional y turístico en beneficio del país que acompañe las nuevas y pasadas "declaratorias" que van camino a cumplir un año, ante un abandono total, de lo contrario seguirán siendo meras plaquetas.

* Javier Escalier Orihuela es Miembro del Consejo Ciudadano de Cultura de la ciudad de La Paz

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