Bolivianidad plena

17 de Agosto de 2007
Por: Javier Escalier Orihuela

Mucho se ha hablado en este tiempo acerca de temas sensibles que al tratarlos, comprometen la unidad del país, como la última gresca por la capitalidad plena, que ha promovido estribillos para que la sede se mueva o no, dependiendo de la región, enfrentando a bolivianos entre si, bajo el oscuro auspicio de intereses que si pretenden su resquebrajamiento.

Tal polvareda de declaraciones ha levantado esta obstinación, que ha hecho ondear blasones regionales al por mayor, que por momentos ha hecho olvidar a muchos que por encima de cualquier otra bandera, los bolivianos se deben a una sola, cual es la tricolor boliviana, que hoy festeja un aniversario más de su creación, el 17 de Agosto de 1825 —cuando sólo ostentó cinco estrellas, como departamentos, y sus colores eran otros: dos franjas verdes y una roja más gruesa en medio—.

A esta tricolor que flameó desde ese entonces en tiempos de paz y de guerra, se deben ahora los nueve departamentos del país, y es por eso que ella debe ser homenajeada por encima de cualquier otra en los corazones de los bolivianos, dentro y fuera del país, porque eso es cuestión de soberanía.

Y en soberanía el folklore y la cultura tienen un papel preponderante en este tema, porque, junto a la "rojo, amarillo y verde", el himno nacional, el escudo de armas y las flores de la kantuta y el patujú, constituyen símbolos patrios bien nuestros que son enarbolados en nombre de Bolivia donde se presentan.

Tan nuestros, que estos colores patrios se enseñorean cada vez con mayor fuerza y en diferentes formas en la vestimenta de los folkloristas: Ch’utas, Tobas y Morenos, que los exponen orgullosos en plumajes, matracas, mantas, polleras y barbas, porque a la par de ser un honor el ser boliviano, también lo es vestir sus colores.

Así lo han comprendido quienes han propiciado la manera de mostrar este orgullo nacional el pasado 7 de Agosto, en ocasión de la realización de la temida Parada Militar en el aeropuerto El Trompillo de Santa Cruz, donde efectivos de las Fuerzas Armadas de la Nación junto a los representantes de los pueblos indígenas, no hicieron más que simbolizar la unión de los bolivianos, llegando a los corazones más duros, para derramar lágrimas de emoción al ver aquel "mosaico" de nacionalidades originarias —cerca de treinta y seis— que en medio del fervor cívico, empuñaron la bandera nacional. En una fecha que nos recordó cómo es que debemos gozar a esta Bolivia nuestra, a plenitud y jamás parcelada.

Allí estuvieron los Ponchos Rojos de Achacachi —que no chicotearon a nadie y mas bien abrazaron a todos—, encabezando la columna del desfile indígena, junto a los lecos, los mojeños, los quechuas y otras etnias de la amazonía que no dudaron en demostrar así la unidad del país.

Intentos de unidad y fortalecimiento que no condicen con aisladas y lamentables declaraciones de desunión, como las que vociferó en Venezuela un futbolista en retirada acerca de que "el mal de altura" si existe en Bolivia, tratando con ello de ganar "ave marías", emulando a otro paisano suyo que en otra época también habló por demás; o la bonita que dividió a los bolivianos entre los que saben hablar inglés y los que no.

* Javier Escalier Orihuela es Miembro del Consejo Ciudadano de Cultura de la ciudad de La Paz

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