"En la Pérez no se para"

24 de Agosto de 2007
Por: Javier Escalier Orihuela

Existen campañas de difusión a las que se destinan exageradamente esfuerzos y recursos, que encima, por no hacerles el necesario seguimiento, poco tiempo después son desestimadas, fracasan o simplemente no pasan de haber sido buenas intenciones, pero ojo, intenciones que llegan a costar la mayoría de las veces mucho dinero.

Por otro lado están diversos temas, tal vez de mayor valor, como es el caso de la atención a campañas de difusión cultural, que no provocan entusiasmos y menos preocupaciones.

En días pasados accedí a la revista cultural, que acertadamente edita la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia —de impecable presentación y contenido—, en la cual se expresa una inquietud que es compartida por quienes tienen que ver con el quehacer cultural del país, acerca de ¿quién debería financiar la Cultura?

Interrogante que lleva a la burla cuando por ese mismo medio, uno se entera que hasta hace dos años, la Cultura tan rica de nuestro país, tan sólo recibía el 0.1% del presupuesto de la nación, —desde aquel tiempo "no parece que ese dato haya cambiado mucho"—.

¿Dónde entonces queda el tratamiento prioritario que nuestro país pretende dar a las políticas de difusión y protección de los conocimientos tradicionales de Bolivia, que se entiende, tienen que ver con nuestro vasto folklore, su música y la variedad innumerable de danzas; la artesanía tradicional y milenaria; nuestra rica biodiversidad, medicina tradicional, ritos y rituales?

Recién habíamos quedado en dejar atrás aquel discriminador enfoque bizarro, que clasificaba a nuestra cultura en dos; una de primera clase, que privilegiaba la danza clásica, la ópera, la literatura, "las músicas que se interpretan bajo pentagrama", —por poner algunos ejemplos— en fin, la recientemente bautizada como "cultura fifí".

Y la otra: la Cultura milenaria, tan rica, cobijada en sus 34 naciones originarias, cada una con su propia identidad, "sus valores, lenguas, costumbres, ideología, creencias, conocimientos, etcétera", que era hasta hace poco catalogada como cultura de segunda.

Con los vientos de cambio que inició el actual Gobierno Nacional, si bien eso ya dejó de ser así, el apoyo financiero aún no llega al fomento cultural por parte de las instituciones del Estado, lo que lleva a muchos gestores culturales a recurrir a las ayudas que provienen de la empresa privada, que como en el deporte, no vaya a ser que en un futuro próximo las agrupaciones folklóricas se vean obligadas a mostrar el logotipo de su auspiciador en sus ponchos, camisas, o hasta pegados en sus frentes; y lo propio ocurra con los folkloristas, en sus sombreros, chalinas y matracas.

Todo esto por un inexistente apoyo de quienes sí están en la tarea de apoyar diferentes tipos de expresiones culturales, sean vistas como "culturas de primera o de segunda".

Será que no tenemos las autoridades aptas e idóneas a la cabeza de estos temas, que no encuentran las formas "imaginativas" para lograr este presupuesto estatal, o las que nos dirigen son de "cotillón". Una de dos.

Y aquí viene otra interrogante planteada: ¿el apoyo a la Cultura, se la ve como gasto o inversión?

Si la consideramos como gasto, estamos "fritos", porque no se estaría yendo a tono con las políticas que el actual Gobierno pretende llevar adelante, y el posicionamiento de nuestra identidad cultural se estaría quedando en el limbo, sin aprovechar esta riqueza, en un país que se precia de ser exportador de Cultura.

Si la respuesta es la correcta, entonces en esta campaña debemos incluirnos todos. Y por supuesto que es tarea de las instancias del Estado el lograr formas de apoyo y fomento a nuestra Cultura, pero también nuestra.

Depende entonces de la importancia que le den nuestras autoridades, el redistribuir los presupuestos a favor de la Cultura, además del financiamiento de tipo privado, apoyo "contante y sonante" que no obligue a sus cultores a tener que extender la mano cada vez que se pretenda dar impulso a una iniciativa.

Y que el apoyo a la Cultura no se quede en enunciados y buenas intenciones, tales como el título que aparece en esta columna, que parece fuera tan sólo un "saludo a la bandera".

* Javier Escalier Orihuela es Ch’ukuta y gestor cultural

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