Que no se pare "la Pérez"

31 de Agosto de 2007
Por: Javier Escalier Orihuela

La Paz goza de una rica historia costumbrista, que la cuenta tal vez desde antes de la llegada de los españoles, antes inclusive de que se llamara La Paz.

Desde un principio los asentamientos en la ciudad que lleva su nombre se hicieron de una manera no planificada, y de ahí que sus calles sean algunas tan angostas, como las de su “casco viejo”, y otras sean todo lo opuesto; unas hayan sido estructuradas sobre planicies y las más sobre empinadas cuestas, debido a una topografía caprichosa que se sustenta sobre una infinidad de ríos y riachuelos que corren por sus entrañas.

Pese a ello la ciudad de La Paz se las ingenió para constituirse en una ciudad cosmopolita, que desde su creación ha cobijado en su seno a propios y extraños; a paceños y no paceños; querendones y no, de esta hermosa, como acogedora ciudad.

Sus rasgos tan particulares la convierten en única, acompañada de un cielo habitualmente azul y limpio y custodiada por su majestuoso nevado, el Illimani, que le da de por sí una personalidad sin parangón.

Única también por lo controversial en sus edificaciones, que se asemejan a un sin fin cajitas de fósforos apiladas en desorden y apoyadas unas con otras, que van subiendo hasta donde sus cerros lo permitan y casi alcancen a tocar el cielo, desde donde divisan a imponentes edificaciones que juegan entre todas a tapar los nevados que se atisban al fondo del paisaje.

De la misma manera el paceño, así como el visitante, inmediatamente puede identificar a cada uno de sus barrios, y muchos, hasta quienes los edificaron, gracias a las características propias de su arquitectura, el estilo y la personalidad, tal es el caso de zonas tan tradicionales como Sopocachi, que hasta hoy en día guarda una misma lógica en sus construcciones, que incluso ha obligado a los jóvenes arquitectos a ajustar de tal forma sus trabajos que guarden, mantengan y respeten el conjunto de sus edificaciones.

Pasa así con diferentes barrios, como San Pedro, Miraflores, El Prado en el centro paceño, el entorno de calles circundantes a la Plaza Murillo, la Avenida Camacho, en fin, cada sector de esta ciudad mantiene, quiérase o no, intencionalmente o no, un estilo propio.

Es el caso del “conjunto urbano” que rodea a la Iglesia de San Francisco: la Basílica Menor, la Plaza de los Héroes, la calle Comercio, el Mercado Lanza, más conocido por todos como “El Merlan” y la Plaza que le debe su nombre a un patriota que desempeñó un importante papel en la contienda del Acre en 1899: Lucio Pérez Velasco.

La Plaza Pérez Velasco, o “la Pérez”, como cariñosamente la llamamos, desde hace tiempo se había constituido en el nudo de confluencia social más importante de esta ciudad, habiéndole tocado ser, sin quererlo, testigo de innumerables hechos históricos que han repercutido en nuestro país y el mundo.

Lamentablemente aquel histórico lugar de encuentro de los paceños desde hace siglos, enlace natural entre las ciudades de El Alto y La Paz, está por desaparecer de un plumazo, por obra y gracia de la bendita modernidad, que no mira, no siente, no mide consecuencias.

Este irreparable daño al entorno histórico de este conjunto patrimonial arquitectónico, del que somos culpables todos, por no haber detenido las obras en su momento, cierra una etapa importante en la historia de esta ciudad, con la edificación de un gigante que no hace otra cosa que partir en dos este sitio. Evitando ver más allá ese rico testimonio de una era dorada de esta ciudad con aquellas casonas que otrora recibían intensas miradas de propios y extraños.

A partir de ahora al retornar a nuestra ¡Oh Linda La Paz!, en lugar de admirar, al llegar a “la Pérez”, el Atrio de San Francisco, tan sólo veremos una pasarela, que, como una última ironía a Don Lucio Pérez Velasco, nada raro sea bautizada con tal insigne nombre.

“A la Pérez, a la Pérez”, siguen entonando los voceadores, definiendo aún a ese sitio como un punto de encuentro de los paceños. Ojalá que “la Pérez” no pare, y que tampoco pare el bullicio de sus habitantes, la algarabía de sus Entradas folklóricas y sus desfiles, y que no nos gane una vez más la política del no.

* Javier Escalier Orihuela pertenece a un Consejo que debate temas culturales justamente en “la Pérez”

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