de Marchódromos y sambódromos en La Paz

Entrada en honor a la Virgen del Carmen 2009

Funcionarios de la alcaldía

Entrada en honor al Señor de la Exaltación 2009 de El Tejar

* Javier Escalier Orihuela


En días pasados la ciudadanía paceña se estremeció con una ingenua, —como demagógica— declaración de una autoridad edil, que propuso erradicar las manifestaciones culturales y de protesta en el centro paceño, ofreciendo su traslado a un “marchódromo” que estaría ubicado en algún recóndito lugar de esta ciudad “plagada” de folklore, pretendiendo con ello, normar las formas de protesta, además de nuestras tradiciones y costumbres.


Pero vayamos por partes, en el tema de las marchas, ¿no será que la autoridad en cuestión se ha olvidado que precisamente el actual proceso de cambio que vivimos los bolivianos ha surgido —en cierta medida— gracias a la protesta callejera, los paros, bloqueos y las manifestaciones?


Diversos sectores, entre ellos los combativos gremiales —que tanto miedo provocan—, han entendido como vía de solución a sus demandas este tipo de medidas; porque una marcha de protesta ejemplifica justamente lo que expresa su nombre, una lógica de presión que logre resolver una demanda, actitud extrema que se la exalta tanto aquí como en la China.


Entonces en qué pensamiento razonable puede caber aquella exhortación hacia los marchistas o bloqueadores para que vayan a expresar este tipo de denuncias y rechazos a lugares donde no van a ser oídas sus peticiones, ni alterar el normal desenvolvimiento de la ciudadanía, que no genere convulsión, exacerbación, ni ruido; en la práctica, ¿esto tendría lógica?


Como de refilón, se intentaba meter en el mismo saco a marchistas junto a folkloristas, un sector más vulnerable que debido a su naturaleza misma, estos no pueden ni siquiera protestar, ni marchar, contra la brillante idea de reubicar sus festividades patronales—zonales y sus ensayos a algún lugar alejado del centro de la ciudad, alejados de la luz pública.


Todo un despropósito que contradice los esfuerzos del gobierno nacional, que promueve la “revolución cultural”­, desplegando toda una línea de difusión y promoción de su patrimonio vivo, tanto al interior como exterior del país a través de las principales cadenas de televisión internacional como sucedió en Plaza Murillo en ocasión de desagraviar y promocionar a la Diablada como boliviana.


Habría que asesorar a la autoridad de que su noble intención choca con lineamientos de carácter religioso, técnico y hasta de respeto a “nuestros usos y costumbres”. ¿Cómo la fastuosa entrada del Señor del Gran Poder de la zona de Chijini, podría ser viable en una alejada avenida de la zona sur, o viceversa, la Virgen de la Merced de Cota Cota, podría festejar su aniversario patronal en la avenida periférica?; la Imagen del Señor de la Exaltación de la zona de Obrajes, difícilmente podría trasladarse, junto a su Templo a una de las 50 flamantes avenidas con que cuenta nuestra ciudad; como tampoco podría enterrarse al Pepino paceño en el Cementerio Jardín.


Ha sido una verdadera lástima lo que le pasó a la fiesta de Obrajes en honor al Señor de la Exaltación la pasada semana, que sufrió el abandono y apatía de las autoridades del sector, que, inmersos en su burbuja, más se dedicaron a agredir a comerciantes y vivanderas en lugar de mejorar y promocionar la imagen de dicha fiesta, que no sólo es exceso; cuando más que persecución, el folklore nacional necesita de agresivas campañas de promoción y difusión y contar con políticas culturales que fomenten nuestro folklore.


Ojalá en el futuro las próximas autoridades traigan consigo la lógica de los paceños, que promuevan y no enfrenten; que muestren en lugar de tratar de ocultar nuestras raíces, y que no llegue el día en que nuestro rico Patrimonio Vivo se convierta en una cultura de museo y tengamos que contarles a nuestros hijos cómo bailábamos los bolivianos, en lugar de hacerles gozar y sentir nuestro rico folklore.


Rechacemos folkloródromos, ni sambódromos, ni marchódromos; una medida así nos obligaría a salir a marchar.


* Javier Escalier Orihuela

forma parte del Consejo Ciudadano de la Cultura y las Artes



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