de Marchódromos y sambódromos en La Paz 2da. Parte



Bailando en medio de automóviles y sin ningún resguardo policial - ¿el folklore en Bolivia tendrá que ser así de ahora en adelante?

* Javier Escalier Orihuela


Unánime es el rechazo de los folkloristas a la intención planteada demagógicamente, de pretender construir un sambódromo—marchódromo que proscriba definitivamente las expresiones folklóricas en las calles de la ciudad de La Paz.


No es para menos, teniendo en cuenta los esfuerzos que despliega el gobierno nacional por promocionar nuestro folklore, como consecuencia del golpe bajo recibido por parte del vecino país, cuando la danza de la Diablada, en una actitud totalmente “chabacana” fue reclamada como creación suya.


Ni bien su “miss” diablesa, Karen Schwarz, terminaba de participar en el certamen de belleza del Miss Universo en representación de Perú, con traje de diabla —pero con identidad boliviana—, otra estocada por la espalda recibía Bolivia, cuando otra autoridad de aquel país, declaraba que el Ekeko no había sido nuestro, sino peruano.


Mientras eso sucedía y el famoso, como rico folklore de Bolivia, requería con urgencia una defensa cerrada contra este abuso y apropiación indebida; de la unidad de patrimonio intangible y —nada menos que— “promoción cultural”, su encargado enviaba una comedida, como displicente nota a las diversas asociaciones de folkloristas en la que oficializaba la prohibición a realizar ensayos en calles y avenidas de nuestra ciudad.


Cosas que pasan en la lógica de autoridades que viven dentro de sus “burbujas” y en la política del “No” y que no permiten la generación de oportunidades para el desarrollo económico, como sucede en otras partes que fomentan el turismo.


La medida, por demás rebatible que sólo puede suceder en nuestro medio, intenta cundir también en la ciudad de El Alto, tal como lo denuncia el presidente de la Entrada de la zona 16 de Julio, Jaime Nina; cosa que no ocurre en Perú, que poco a poco aprovecha estas metidas de pata locales para fortalecerse y subrogarse patrimonios ajenos.


Este desliz edil pierde todo sentido cuando vemos que en países como Brasil, Argentina y Chile, nuestros compatriotas desarrollan y promocionan nuestra cultura en importantes avenidas, sin que ello produzca o levante polvareda en sus autoridades, porque han comprendido que la fiesta genera movimiento económico para sus arcas, o al menos impulsa un trascendente intercambio cultural.


En el viejo continente la cosa no es diferente, como en España, donde los bolivianos no sólo realizan este tipo de “festivales” —como los llaman allá— en su capital, Madrid, sino en Valencia y otras regiones españolas; lo propio ocurre en Holanda, o decir de nuestro buen amigo Sócrates Andrade, que en sus viajes por el viejo mundo vio a colonias de bolivianos exhibiendo su cultura en lugares tan insospechados como Amsterdam.


Algo queda claro, urge un cambio de timón y mayor atención al sector de la cultura. Una verdadera regulación, pero no de nuestras tradiciones, usos y costumbres, sino mas bien para su fomento y promoción.


El folklore no debería enfrentarnos a los bolivianos por culpa de los excesos, donde si tendrían que tener cabida dichas regulaciones: mayor seguridad ciudadana, calles iluminadas, asfaltadas, con la implementación de servicios higiénicos que los debería facilitar el gobierno municipal con el dinero de los impuestos pagados por los folkloristas.


Sobre este impase, el concejal de la ciudad de La Paz, Miguel Quispe se ha apresurado a salir ante la prensa diciendo que dicha medida no ha sido siquiera tratada en el Concejo Municipal y que necesita de un mayor análisis. Esperemos que eso suceda y que hayan más diablos en nuestras calles y no en la Avenida La Paz de la ciudad de Puno, Perú.


* Javier Escalier Orihuela

forma parte del Consejo Ciudadano de la Cultura y las Artes




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