De festejos y celebraciones a la fundación de La Paz


* Javier Escalier Orihuela


La ciudad de Nuestra Señora de La Paz, fundada por los españoles en 1548, celebró esta semana su aniversario en medio de la algarabía de sus habitantes que la han agasajado de la manera más humilde y sencilla, como viene ocurriendo desde hace tiempo atrás.


Las grandes demostraciones y la entrega de al menos una obra de magnitud han estado ausentes, por lo que esta ínclita ciudad ha celebrado sus 461 años como siempre, sola, al punto que sus autoridades locales han preferido trasladarse hasta el municipio de Laja a celebrar este hecho histórico, situación que inexplicable, como displicentemente sucede desde hace más de tres años.


Si bien la fundación inicial de La Paz se dio en Laxa por orden del enviado del rey, Pedro de la Gasca; la decisión de elegir aquel sitio un tanto inhóspito, se la debe al capitán Alonso de Mendoza. Como lo reflejan las ilustraciones de la época, tal situación no convenció ni siquiera al puñado de encomenderos que lo acompañaban, razón por la cual fueron ellos mismos que en ausencia del fundador, tres días después, el 23 de Octubre, decidieron llevar la ciudad a un sitio más acogedor, eligiendo al valle de Chuquiapo y donde se procedió a una segunda fundación.


De tal manera que, sin pretender entrar en polémica con ningún municipio, la ciudad de La Paz, fundada en 1548, es la que actualmente lleva su nombre y está enclavada histórica y culturalmente en esta hoyada tan hermosa, admirada por propios y extraños, bajo el resguardo de su no menos hermoso nevado Illimani.


La medida de festejar a nuestra ciudad en otro sitio, como es el municipio de Laja, es incorrecta; aunque bien hubieran hecho los alcaldes de la ciudad de La Paz, Laja y Viacha, de conmemorar a tempranas horas de la mañana aquel singular hecho en dicha localidad, con todo respeto, con un homenaje y la colocación de una ofrenda floral, para posteriormente trasladarse y homenajear cada uno en su respectiva ciudad; tal vez por ese hecho el alcalde de la ciudad de El Alto no haya participado de ese encuentro de alcaldes porque su fundación corresponde a otra fecha.


La ciudad de La Paz, este fin de semana en cambio, fue homenajeada en pleno centro paceño, —al igual que ocurrió anteriormente en las principales avenidas de Argentina, Brasil y Estados Unidos— con un espectáculo que mostró lo mejor del folklore paceño.


Aunque a diferencia de dichos países, aquí, las Morenadas, Caporales y Ch’utas encabezados por un Pepino gigante, —que fueron descolgándose hacia el centro paceño desde la Avenida Ismael Montes— tuvieron que realizar una pausa y esperar pacientemente la finalización de la feria cultural de El Prado, organizada por penúltima vez por la municipalidad de La Paz, en homenaje al Día Interamericano del Agua.


Con todo, comandados por los cívicos paceños, dirigentes folkloristas y vecinales de la ciudad de La Paz, reinas y reinitas, la algarabía de la jornada no se dejó apagar, —porque somos un fuego que nunca se apaga— y se fue dando modos para irrumpir triunfante el centro de los paceños escoltados por los temibles Calambeques, que esta vez blandieron sus cinturones pero con la noble intención de defender y promover nuestras expresiones culturales.


Ch’utas de Caquiaviri y Corocoro, además de fraternidades folklóricas rindieron de esta manera su homenaje, a su manera y en el lugar correcto a la Fundación de nuestra ciudad; este fin de semana lo harán los conjuntos autóctonos de las 20 provincias del departamento, bajo la organización de la Federación Folklórica Departamental de La Paz, aunque alejados del centro paceño, un poco como ocultándolos de los ojos de la ciudad.


¿Hasta cuándo pues sufriremos los folkloristas este tipo de discriminación? Seguramente será hasta que nosotros lo admitamos y queramos.


*Javier Escalier Orihuela
es presidente de la Fundación Poder del Folklore


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