Todos los Santos 2009


Don Luciano ordenaba la masa del pan sobre largas planchas de metal hechas de latas de manteca, en el horno situado en la Calle General Gonzáles de la zona de San Pedro; labor cotidiana que para estas fechas traía un ingrediente especial por tratarse de la Festividad de Todos Santos. A su lado me tenía a mí, como un discípulo circunstancial, moldeando complicadas figuras a veces amorfas, que debían ir formando piernas y brazos de las que más tarde serían unas ricas th'anta wawas.


Así se daba inicio a la celebración en homenaje a nuestros seres queridos que partieron a mejor vida.


Hoy en día tal práctica no ha cambiado mucho y los que aún quedamos en este mundo terrenal, aprovechamos la ocasión para brindarles los manjares y ofrendas que en vida no pudimos darles, así como una oración para que sus almas gocen del eterno descanso.


Según la tradición, al medio día del 1 de Noviembre, las almas de nuestros fieles difuntos llegan desde el “más allá” a los hogares de las familias dolientes, atraídos por los rezos y plegarias de sus familiares, que les esperan con un altar levantado en el principal ambiente del hogar.


Arreglos con confites, pasankh’allas de colores y cañas de azúcar les estarán esperando en aquel Altar, alrededor de una cruz hecha con la flor de la retama sobre un lienzo de seda negro —que simboliza el luto—, al lado del cuadro con la fotografía del familiar desaparecido y un recipiente con agua bendita.


En dicha mesa no faltará la comida que gustó en vida el difunto; las frutas de la estación: mangos, paltas, plátanos, manzanas, y todos los cítricos de la temporada que le gustaban a la abuelita; el infaltable paquete de cigarrillos Derby o Astoria —que es historia del abuelo; una taza de café bien cargado y algunas hojitas de coca, junto a una variedad de masitas y pan dulce —“fruta seca”—; así como coloridos suspiros hechos con clara de huevo dispuestos en tiras de papel sábana, maicillos, roscas, bizcochuelos y panes en forma de escaleras —para ascender más rápido al cielo—; terminando con una gran jarra de chicha morada “royal” para mitigar la sed de nuestros visitantes. Algunos le pondrán una botella de coca cola o fanta, un habano o hasta una cervecita, nada está por demás.


Nuestras “almitas” se irán sirviendo este banquete justo hasta las doce horas del día siguiente, vale decir del día 2 de Noviembre, feriado nacional por ser fiesta de guardar. Eso tampoco se discute.


“Todos Santos” se configura como un buen momento para la unidad familiar, reunida en un ambiente de profundo respeto. En el altiplano y las zonas circundantes al centro de la ciudad, a lo largo del día y la noche, grupos interpretando música de tarqueada o pinquillada visitan los hogares de los dolientes interpretando su música para quienes se fueron a mejor vida, a su manera, en retribución recibirán cargas de fruta seca y comida. En otros sectores de la ciudad se hará “rezar” a los familiares y amigos más íntimos para que este descanso sea eterno.


Hoy en día la globalización ha puesto en el tapete la fiesta de halloween, con niños que se pasean por las calles pidiendo dulces y hasta obligados por sus profesores a tener que “disfrazarse”, a lo cual no deberíamos oponemos así como tampoco lo hacemos al hip hop, ni al reggaetón que promueven otros, sin embargo no debemos perder el rumbo, ni olvidar que estamos en Bolivia y en Bolivia en “Todos Santos” se come “ají de arvejas” y se toma “chicha morada”.


* Javier Escalier Orihuela

forma parte del Consejo Ciudadano de la Cultura y las Artes


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