Alasita, Patrimonio de los paceños


El pasado Domingo, 24 de Enero, miles de paceños y no paceños nos dimos cita en cuanta Iglesia, plaza y lugar público se dispuso para la compra de un variadísimo mundo de productos en miniatura.

En ausencia de las autoridades, al medio día se dio por inaugurada la Tradicional Feria de Alasita 2010, sin pena ni gloria, en el espacio que los munícipes cedieron a los expositores de la feria, divididos por obra del municipio y sin agua, ni los mínimos servicios básicos requeridos.

Pese a ello, la visita a esta enorme feria de la pequeñez, la realizamos como siempre, entre codazos y zancadillas, —seguramente por la multitudinaria convocatoria que tiene nuestro paceñísimo “Ekeko”—.

Los que quisieron iniciar su recorrido a partir del palco oficial en la Avenida Camacho, no tuvieron mucha suerte, porque esta vez se lo emplazó en la Avenida del Ejército. Tal vez por esta razón, haya existido por varios momentos una especie de desubicación, debido al nuevo reordenamiento de sectores, por lo que fue más difícil encontrar los kioscos destinados a ofertar joyería, o la fina como diminuta pastelería que tradicionalmente nos esperaba con esos cartuchos de papel sábana conteniendo por lo menos una docenita de pastelitos: “borrachitos”, “coquitos”, “cartuchitos”..., en fin, doce manjares, más un “besito de negro” de “yapa”.

Igual, muchos se afanaron como siempre por adquirir billetitos en moneda nacional, así como en dólares, justo a las doce del medio día en punto, aunque mayor demanda hubo este año por los “pasaportitos” con Visado incluido, principalmente con el deseo de viajar a los Estados Unidos, Argentina y España en busca del anhelado sueño dorado de mejor bienestar.

Otros compraban maletitas repletas de dinero del banco de la fortuna, diplomitas de profesional de casi todas las universidades existentes, -sean plenas o truchas-, así como “partes” de matrimonio, almanaquitos “Argote”, sapos, gallos y gallinas, requeridos como amuletos que les catapulten directo al matrimonio; y los escépticos que se conformaban con un fajo de “euros”, en el entendido que todo lo demás se puede conseguir a través del dinero, aunque este no sea de verdad.

En esta feria en la que los artículos “clásicos” siguen teniendo gran demanda, como la ropita para vestir a la Susy y a Ken, muñecos que lo mismo se enfundan ropa de la temporada, como complicados disfraces de “tobas” y Ch´utas; los niños se afanan por llevarse una chok´a o un trompo; o la afamada gorra al puro estilo de “Daniel Boone”; el cenicero de la negra, los soldaditos de plomo y el gracioso “Quevedo” (de la familia de los Caganiers españoles) en su sin igual posición.

Fuera de los contratiempos que implica el visitar un sitio que congrega a multitudes, en esta feria Ch’ukuta los que pudimos encontrar el sector, nos servimos un rico y “quemante” api orureño acompañado del famoso “pastel”, una empanada inmensa con un poquitín de queso; más allá se encontraban ocultos los pacumutus cambas, y casi al rincón los confites potosinos, demostrando que también esta feria se ha convertido en un punto de encuentro de todas las regiones de nuestra patria Bolivia.

Que bueno que aún existen los ricos churros, el api “mezcladito” acompañado de buñuelos y esos choclos con queso y “llajua” bien picante.


A nivel nacional, la prensa escrita nos volvió a deleitar con sus ediciones “en pequeñito”, con divertidos fotomontajes y la edición gráfica de verdaderas obras de arte, anotándoles un punto alto en el manejo de la información y entretenimiento, aunque sea a costilla de los personajes de la coyuntura política.

Es bueno ver que esta tradición siga vigente pese a la modernidad; ojalá las autoridades locales se esmeren por recuperar la esencia de esta fiesta y la presentación para la nominación a la Alasita y su Ekeko, como patrimonio de la humanidad, llegue pronto, antes que el vecino chabacano la registre como suya. 

* Javier Escalier Orihuela es Miembro Titular del Consejo Ciudadano de Cultura y las Artes de la ciudad de La Paz

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