Anata - Carnaval Paceño 2010


Cuando se preparaba la programación de la agenda carnavalera para este año, en el mes de Julio del pasado año, la primera tarea que se propuso la Asociación de Comparsas del Carnaval Paceño, fue buscar el nombre que debía tener la fiesta para este 2010; aunque de todas maneras la elección fue simple y fácil desde el principio: el retorno a nuestras raíces; de ahí “Anata – Carnaval Paceño”.

La planificación fue la segunda tarea, y es que desde hace poco más de una década, eso ha sido lo que le ha estado faltando a nuestro Carnaval, tan único y tradicionalista. La oficialidad e importancia que le dieron alcaldes de la talla del General Armando Escóbar Uría o Raúl Salmón, entre otros, ha contrastado con la personalidad que le han impreso los últimos, que le han restado su jerarquía.

Nuestro Carnaval fue hasta hace poco parte de los actos oficiales en el país, casi con la misma jerarquía del los desfiles cívicos del 6 de Agosto y el 16 de Julio, o los actos de Semana Santa, donde era imprescindible que la primera autoridad edilicia de la ciudad encabece sus principales entradas y bailes.

Sin embargo, hubo una alcaldesa que aprovechó esta fiesta de tanta importancia para los paceños para pasar unas vacaciones en Cancún, y desde ahí, el cordón umbilical que unía al municipio paceño en estas fiestas con su ciudad se rompió. El Carnaval pasó a ser una celebración de barrio, sin apoyo ni presencia institucional, al punto que muchas veces fue organizado días antes de su realización, vale decir pasada la fiesta tradicional de la Alasita.

Tal vez esto haya motivado a instituciones y gestores culturales a ocuparse de realzarla, como parte de la iniciativa ciudadana, en el entendido que el Carnaval es de todos y todos debemos inmiscuirnos para darle el realce que se merece.

Así la Asociación de Comparsas reivindicó al Ch´uta y el Pepino como principales personajes del Carnaval de los paceños, sumándose a un importante movimiento de agrupaciones como Música de Maestros, junto a reconocidos grupos musicales tropicales que impulsaron el Carnaval, venido a menos por obra y gracia de nuestras autoridades locales.

De refilón y motivados por otras circunstancias aparecieron otras instancias que en principio pretendieron suplantar nuestro tradicional Carnaval, por una mala copia del fastuoso Carnaval de Oruro, situación que no prosperó gracias a la oportuna gestión que realizamos un puñado de paceños ante el presidente de la comisión de cultura del Concejo Municipal de aquel entonces, –hace poco más de quince años– el historiador Fernando Cajías.

El Carnaval volvió a reponer su habitual fuerza, pero esta vez de la mano de instituciones cívicas, no oficiales, planificando, difundiendo y principalmente motivando a la ciudadanía a rescatar esta tradición tan venida a menos.

Carnaval en La Paz, era una buena razón para alejarse del bullicio de la ciudad, viajar a descansar a las playas de Arica o Cancún, como lo hizo aquella alcaldesa; o para visitar y conocer lugares exóticos como Chulumani y Coroico, o si había más dinerito, el exterior del país; o cuando menos conocer carnavales consolidados que tenían cierto renombre gracias a sus autoridades locales, como el admirable Carnaval de Oruro, el Chapaco, o el Cruceño; habían mejores ofertas, menos el de los paceños, porque era frío y k´aima (aburrido). ¿Se acuerdan?

Hoy en día tal situación ha cambiado y a muy pocos se escucha decir que se van de La Paz a pasar los carnavales en otra parte del mundo. Ahora hay Carnaval Paceño para largo y eso se lo debemos a los propios paceños que han sabido imponerse a la oficialidad y que han reconstruido un “Carnaval de verdad”, como diría el slogan de la saliente alcaldía. Un Carnaval con verdadera personalidad, que fomenta y valora lo nuestro, principalmente a sus Ch’utas y a sus pepinos; la ritualidad de su ch´alla y la convivencia con la Pachamama; y porque no decirlo, a sus comparsas con complicados nombres como los “Suspicaces” de antes y los “Calhambeques” de ahora; a sus bandas de bronce, pero también a sus conjuntos de pinquilladas, mohoseñadas y tarqueadas.

Así nomás es nuestro renovado Carnaval, y si de eso nos hemos dado cuenta recién ahora, tenemos que preservarlo, cuidarlo y quererlo para que nunca más se apague.

* Javier Escalier Orihuela es Presidente de la Asociación de Comparsas del Carnaval Paceño

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