En el Ojo de la Tormenta




Una de las fiestas más tradicional de los paceños, su Carnaval, ha tenido este año una significativa como intensa promoción, acaparando las portadas y los principales titulares de los diarios más leídos de la ciudad de Nuestra Señora de La Paz, consolidándose como uno de los carnavales más importantes del país.

Desde principios de este año los Ch´utas encantaron con su valioso andamiaje costumbrista, fortaleciendo su importancia y puesta en valor como personaje identitario del Carnaval paceño; la ciudadanía deliró con la llegada del personaje más motivador, el Pepino, quien fue “desenterrado” con todas las de la ley para algarabía de niños, jóvenes y adultos; El reinado más publicitado desde que fuera repuesto por la Asociación de Comparsas hace siete años, se fortaleció gracias al apoyo de la ciudadanía y los medios de comunicación y Sídney Sánchez, Reina del Carnaval, tuvo una agitada agenda de promoción, junto al Ch´uta, el Pepino y la Chola paceña. En una organización que se preocupó por tomar en cuenta a la mayor parte de los sectores de La Paz.

Sin embargo los desastres naturales, –que nunca han faltado en estas fechas– se hicieron sentir en La Paz y de repente casas, edificios, barrios y muchas inversiones comenzaron a desplomarse como simples cajas de cartón en distintas zonas de nuestra urbe, alterando el desarrollo normal del Carnaval y de alguna manera “poniendo en juego” su continuidad.

Ch´utas, pepinos, artesanos bordadores, músicos y todos quienes por azares de la vida, de alguna manera hacen la organización y formalizan el Carnaval paceño –sin provocarlo–, nos vimos sumergidos en el “ojo de la tormenta”.

Parte de aquella encrucijada era suspender o no, las actividades carnavaleras debido a los desastres naturales de la víspera, sumado a la exigencia de una línea dura que reclamaba la cabeza de algún responsable de este hecho causado por la naturaleza y la poca previsión. Y la autoridad no atinó más que a pretender cegar el Carnaval, sin tomar en cuenta a gran parte de la ciudadanía que mueve su economía y la multiplica en esta época del año.

Aquel suceso frenó de golpe el desarrollo de una celebración que históricamente tuvo la función de curar este tipo de heridas, siendo que el Carnaval se constituye en una manifestación catalizadora del dolor por excelencia; el historiador Fernando Cajías, había adelantado públicamente que no era bueno el combatir el dolor con más dolor. “No estoy de acuerdo con esta suspensión. Creo que La Paz necesita distensionarse y el Carnaval es una forma de distracción, eso no significa que uno no sea solidario”.

El hecho de suspender las actividades oficiales del Carnaval no contribuyeron a mitigar la pena de los paceños, más allá de haber servido para atizar odios y rencores contra quienes entienden que la vida continúa, que no para nunca de sacudirse diariamente con penas y alegrías.

Y la coyuntura sirvió de palestra a pseudo interlocutores, como aquel representante de un mal llamado comité impulsor, que sin ambages propuso que “los niños debían conocer el dolor desde sus primeros años”, razón por la que se debía suspender incluso el Corso Infantil; sin poder explicar qué beneficio directo iba a significar dicha suspensión y en qué medida iba a mitigar o resarcir la pérdida material de las personas damnificadas.

En sí la orden era prohibir el festejo multitudinario, aunque sí permitía inexplicablemente lo que ocurría bajo techo, incluso la oficialidad pudo auspiciar la algarabía en sus instalaciones, como si estos festejos a puerta cerrada tuviera una licencia de la ciudadanía.

De todas formas la paceñidad se dio modos para expresarse, sin perder su lado solidario en todo momento y sin la necesidad de recurrir a la alharaca oficial al punto de derramar lágrimas, que en todo caso se intentó sin éxito.

El Carnaval 2011, con todas las connotaciones que le tocó pasar este año, se marchó, porque así lo dicta el calendario católico a nivel mundial, que establece el tiempo de existencia de su efímera vida. De nada valió la intención de postergarlo. Como tampoco se podría postergar la Navidad o el Año Nuevo.

El Carnaval paceño significó beneficios directos para centenares de grupos musicales, entre orquestas, conjuntos y agrupaciones folklóricas; bandas de música que apenas lograron satisfacer la demanda, en celebraciones familiares, institucionales, barriales hasta multitudinarias, que tuvieron a la Asociación de Comparsas, como referente de su formalización y promoción; cerca de 25 galas, entre las “precarnavaleras” que se iniciaron en el mes de Noviembre, hasta las que se desarrollaron en temporada de Carnaval.

Esta Institución de los paceños, participó en la sensible tarea de apoyar en la recolección, junto a Sídney Sánchez, Reina del Carnaval y los personajes, el Ch´uta, el Pepino y la Chola paceña 2011, con una importante donación lograda gracias a una Maratón de más de doce horas que contó con la presencia de grupos folklóricos y cumbieros que formaron parte de las galas carnavaleras.

Como parte de la responsabilidad social que desde sus inicios ha involucrado a la Asociación del Carnaval, se distribuyó chocolate y juguetes en Navidad; se visitó al Hospital de rehabilitación de niños discapacitados y al Centro geriátrico de la CNSS, y a personas de la tercera edad; y se brindó una función de Circo, en el Día del Niño, donde se entregaron juguetes y un par de calzados a cada uno de los asistentes; todas estas actividades con el fin de contribuir a mejorar las condiciones de vida de las personas de escasos recursos y damnificados en los deslizamientos de principios de año, recibiendo la solidaridad de la ciudadanía, gracias a la buena imagen institucional que genera nuestra organización.

La autoridad no debe pasar por alto que la fiesta del Carnaval en la ciudad de La Paz significa el sustento para miles de familias. Su abrupta suspensión hubiera significado no permitir dicha posibilidad. El Carnaval genera miles empleos.

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